¡Hola amigxs del Internet! ¿Cómo han estado? ¿Qué tal va su semana? La mía ha estado llena de emociones pues aunque apenas es mitad de semana me han pasado tantas cosas, pero las más relevantes es que el lunes celebramos el día de las madres llevando a comer a mi mamá y justo ese día me paso la tragedia de que mi sobrina me estrellara la tablet que compré hace muy pocos meses 😭 Y por otra parte, la vacuna contra el covid que me pusieron no me provoco ningún efecto secundario, así que no puedo estar más que contenta😊
Pero pasando a temas un poco más agradables, hoy les voy a platicar un poquito sobre Una habitación propia y sobre las reflexiones que me hizo tener pues a pesar de su corta extensión es un texto completísimo que no deja cabos sueltos.
TÍTULO: UNA HABITACIÓN PROPIA || AUTORA: VIRGINIA WOOLF || EDITORIAL: AUSTRAL || GÉNERO: ENSAYO || 153 PÁGINAS || ⭐⭐⭐⭐⭐
«No hay marca en la pared para medir la precisa estatura de las mujeres. No hay medidas que determinen las condiciones de una buena madre o el cariño de una hija, la fidelidad de una hermana o la capacidad de una ama de llaves», comenta Virginia Woolf en este ensayo, pero lo que también nos dice es que para escribir una novela una mujer tiene que tener un cuarto propio y comida caliente; en resumen, tener una vida propia e independiente.
Lejos de ser un alegato furibundo contra los hombres, Un cuarto propio es un elegante ensayo que ya en 1929 ponía sobre la mesa unos temas que aun hoy son objeto de debate, como la dependencia económica de la mujer con respecto al hombre, el cuidado de una familia y la figura de la mujer como musa inspiradora del artista pero con poca presencia en la práctica de la creatividad.
«La vida para todos nosotros, hombres y mujeres, es difícil, ardua: una lucha que no se acaba nunca y nos reclama mucho valor y fuerza. Bien mirado, lo que quizá nos reclame más que nada, siendo como somos criaturas hechas de vaguedades, es confianza en nosotros mismos.»
Creo que este libro ya está tan visto por toda la comunidad lectora que no es precisa mucha presentación, de hecho, creo que más de unx en algún punto lo hemos tenido esperando en nuestra interminable lista de pendientes pues de tanto que nos repiten que es un libro imprescindible, en especial si eres mujer, que llegamos a dejarlo pasar hasta que nos volver a acordar de su existencia. Esto fue lo que a mí me paso y, aunque me arrepiento de haberme tardado tanto en leerlo, sé que por algo suceden las cosas. Una habitación propia llego a mí en el momento indicado.
Este ensayo surge a partir de dos conferencias que Virginia dio en 1928 en la Sociedad Literaria de Newham y la Odtaa de Girton; el tema en apariencia era bastante simple: las mujeres y la novela.
Sin embargo, para la laboriosa mente de la autora este tema no era simple. Había (y hay) tantos enfoques que darle que no pudo evitar ponerse a reflexionar acerca de todas las variantes que se le iban ocurriendo, por lo que a lo largo de las páginas acompañaremos a Virginia en cada una de sus reflexiones después de adelantarnos la conclusión a la que llegó: “una mujer debe tener dinero y una habitación propia para escribir novelas”.
Así que después de esta contundente frase Virginia se encarga de mostrarnos cómo es que llego a tan brillante conclusión que expone la necesidad de la independencia económica e intelectual de la mujer.
No voy a decir que me pareció un libro perfecto pues al principio cuesta acostumbrarse a la forma de escritura de la autora, en especial porque más de una vez se desvía del tema central pero sin perder coherencia en el escrito, ya que aplica el “una cosa llevo a la otra” y al final terminamos regresando al "camino correcto".
No es un libro de rápida lectura pues de cada una de sus páginas puedes sacar un montón de provecho; de hecho, es de esos libros que se disfruta más mientras más lento lo leas por lo que no es nada recomendable leerlo cuando se dispone de poco tiempo. Hay que dejarse llevar por los “desvaríos” de Virginia.
En cada uno de estos caminos secundarios, Virginia expone la situación de la mujer en el siglo XX (y de mucho antes): la falta de independencia económica, la degradación de su intelecto y capacidades por parte del patriarcado, el sentimiento de odio hacia la mujer que se podía sentir por parte de la religión, la poca importancia que tenían en la vida cotidiana y el menosprecio a sus logros.
Estos son solo algunos de los temas que trata y que conforme los vas leyendo te hace abrir los ojos (si es que seguían cerrados) pues son cosas que tristemente siguen presentes hasta la fecha. Sí, ya es en menor medida gracias a la lucha de todas las mujeres que se han sumado al movimiento feminista, pero es alarmante ver que todavía existen personas que viven en el siglo pasado y que se aferran a seguir comportándose y pensando de esta forma.
Sé que hay un montón de libros que tocan los mismos temas pero creo que Virginia los expone de una forma extraordinaria que pone a pensar hasta el o la más necix ya que en ningún momento hace un discurso de odio hacia el patriarcado o suelta reproches, sino más bien se enfoca en poner las cartas sobre la mesa e invita al lector a reflexionar acerca de sus privilegios. Se podría decir que es como dar una bofetada con guante blanco.Al final, si todavía eres de las personas que no lo han leído no me gustaría que te fueras de aquí con la presión de que debes leerlo ya; solo deseo que consideres leerlo en algún momento pues ya llegará el tiempo adecuado para que lo leas sin importar si eres hombre o mujer pues no tengo dudas de que algo te dejará este libro.
Dentro de un año me gustaría volver a leerlo porque me encantaría ver qué otras cosas puedo descubrir escondidas entre las líneas o qué cosas deje pasar debido a la posición en la que me encontraba en ese entonces pues esto también influye mucho en la forma en la que nos impactan los libros. Además de que no tengo dudas de que quiero seguir descubriendo más de sus obras.
Y hasta aquí llega la entrada de hoy porque me encantaría que ustedes descubran más del libro por si mismxs, así ya después tenemos mucho más que compartir.
Sí ya ha leído el libro me encantaría saber en los comentarios qué les pareció, o bien, si todavía no lo leen si consideran hacerlo😊
Muchísimas gracias por llegar hasta aquí, que pasen una bonita semana y que tengan Felices Lecturas✨
Como despedida les dejo una frase del ensayo que me dejó pensando un montón:
“Y pensé en lo desagradable que era que le dejaran a uno fuera; y pensé que quizás era peor que le encerraran a uno dentro…”
SOBRE LA AUTORA
Adeline Virginia Stephen (Londres, 25 de enero de 1882-Lewes, Sussex, 28 de marzo de 1941), más conocida como Virginia Woolf, fue una escritora británica, autora de novelas, cuentos, obras teatrales y demás obras literarias; está considerada como una de las escritoras más importantes del siglo XX. Su técnica narrativa del monólogo interior y su estilo poético destacan como las contribuciones más importantes a la novela moderna. La publicación de sus cartas, ensayos y diarios una vez fallecida, y a pesar de los esfuerzos de su marido por evitarlo, han significado un legado muy valioso tanto para los futuros escritores como para lectores que buscan obras que se salgan de lo convencional.
Experimentando con la estructura temporal y espacial de la narración, perfeccionó en sus novelas el monólogo interior, procedimiento por el que se intenta representar los pensamientos de un personaje en su forma primigenia, en su fluir inconsciente, tal y como surgen en la mente. Algunas de sus obras más famosas, como La señora Dalloway (1925), Al faro (1927) o Las olas (1931), ejemplifican este recurso mediante un poderoso lenguaje narrativo en el que se equilibran perfectamente el mundo racional y el irracional.
Woolf fue además pionera en la reflexión sobre la condición de la mujer, la identidad femenina y las relaciones de la mujer con el arte y la literatura, que desarrolló en algunos de sus ensayos; entre ellos, destaca por la repercusión que posteriormente tendría para el feminismo Una habitación propia (1932). No sólo abordó este tema en los ensayos, sino que también lo hizo en novelas como la inquietante y misteriosa Orlando (1928), en la que se difuminan las diferencias entre la condición masculina y la femenina encarnadas en el protagonista, un aristócrata dotado de la facultad de transformarse en mujer.

















